LAS ORGANIZACIONES ANTE EL CAMBIO

José Manuel Gil Vegas © Sinergos

El entorno  en el que se mueven  las organizaciones empresariales e instituciones de todo el mundo está en cambio continuo. La globalización de los mercados y la evolución tecnológica son solo dos de los principales factores que nos llevan a ello.

Una característica de esta revolución económica frente a las que ya sufrió la humanidad en siglos anteriores es que este cambio no sigue los patrones de intensidad a los que estamos acostumbrados, alcanzando una cresta a partir de la cual el ritmo del cambio decae sino que todo apunta hacia una aceleración continua que convierte este proceso en infinito.

Para algunas de estas organizaciones esta situación es un problema y para otras será una gran oportunidad. Todo dependerá de cómo se posicionen frente al cambio, de la actitud de sus equipos directivos.

Lo que está claro es que no se puede jugar en este entorno con las reglas del pasado, que la competitividad y el éxito empresarial dependen de otros factores que hay que descubrir e incorporar rápidamente. Los valores tradicionales exigen renovación y la conducta de los directivos no puede ser la misma.

Y el cambio cultural de una organización es una cosa muy complicada que exige tiempo (más del que tenemos), posicionamientos decididos y claros, recursos importantes y agilidad.

Pero el coste primero involucra a los equipos directivos. Hay que empezar por arriba y de dentro para fuera. No se puede exigir a los demás lo que uno mismo no está dispuesto a hacer y no se puede pretender que cambie una organización si su líder no afronta una transformación íntima, personal, emocional enfrentándose a sus verdaderos puntos débiles y siguiendo un detallado plan de acción que sin duda costará también esfuerzo, tiempo y recursos.

Para aquellos que estén decididos a andar el camino y que no sepan por donde empezar o para aquellos que, llenos de valentía y entusiasmo, iniciaron el camino pero tienen dudas acerca de si eligieron bien, les proponemos un conjunto de valores que a modo de faros pueden iluminarles el camino. No obstante los navegantes  son ellos y ellos deberán decidir en cada momento de la travesía que pasos hay que dar o que decisiones hay que tomar. 

-CLARIDAD frente a confusión.  La claridad en los conceptos, en las estrategias, en los procedimientos, en las relaciones, adquiere  un  creciente valor en un entorno cada vez más complejo, en cambio continuo y por lo tanto naturalmente confuso. La claridad dificulta el error y la manipulación, pero exige inteligencia y trabajo.

-CREATIVIDAD frente a comodidad.  Hay que hacer el esfuerzo de salir de nuestras zonas de confort, buscar ideas nuevas  que nos produzcan una inicial intranquilidad, pero que nos descubran nuevos caminos, nuevas metas, nuevas vidas.

- CONFIANZA frente a control. El control es caro. La confianza genera confianza.  La gestión de personal, de clientes, de proveedores, de socios,  si no se basa en la confianza tiene muy altos costes de mantenimiento a largo plazo.

- COLABORACIÓN frente a competitividad. Nos hemos equivocado en el pasado. No tiene sentido que los miembros de un equipo gasten energía compitiendo entre sí, sino que colaboren para obtener el mayor grado de eficacia posible en su abordaje del mercado.

- SIMPLICIDAD frente a complejidad. Simplicidad para facilitar la gestión y economizar energía, para conseguir sinergias. La simplicidad es difícil de lograr y se produce como resultado de un arduo trabajo, pero se está constituyendo en un valor en si misma.

- PARTICIPACIÓN frente a imposición. La participación genera compromiso. Necesitamos una gestión a largo plazo en la que la involucración de las personas en los proyectos empresariales se incremente cada día.

- RECONOCIMIENTO frente a castigo. El reconocimiento es el mecanismo más eficaz para cambiar la conducta humana, es satisfactorio para quién lo proporciona y genera motivación y buen clima en el grupo humano que lo tiene incorporado a su cultura, pero necesita que los directivos desarrollen sus habilidades para no confundirlo con el halago y lo incorporen a sus hábitos de conducta rompiendo las resistencias emocionales y culturales que puedan existir.

- FLEXIBILIDAD frente a rigidez. Cuanto mayor es la tormenta mayor seguridad proporciona un mástil flexible. En las aguas turbulentas de la nueva economía la rigidez no es poder ni seguridad, es inseguridad y debilidad.

- VISIÓN frente a improvisación. Para un barco que no sabe a donde va todos los vientos le resultan útiles. No es posible triunfar en un entorno en cambio sino sabemos a donde nos dirigimos. La visión tiene el poder de hacer que un equipo logre  metas percibidas inicialmente como imposibles.